Por Lucas Carrizo
La modelo Valentina Cervantes atraviesa una nueva etapa en su vida: equilibrio, proyectos propios y un amor que resiste los kilómetros. Mientras su pareja, Enzo Fernández, brilla en el Chelsea, ella regresó a la Argentina para sumarse a la nueva edición de MasterChef Celebrity (Telefe).

Desde el programa Sería Increíble (Olga), conducido por Nati Jota, Damián Betular, Eial Moldavsky y Homero Pettinato, Valu habló sin filtros sobre cómo lleva la distancia con el campeón del mundo y cómo aprendió a no perderse en la vida de los demás.
“No, estoy re bien. Me gusta, creo que necesitamos cada tanto nuestro espacio”, confesó con una serenidad que se notó en cada palabra.
Un amor a kilómetros, pero bien plantado
Valentina decidió instalarse temporalmente en Buenos Aires junto a su hijo menor, mientras que Enzo y su hija Olivia permanecen en Inglaterra. Aun así, la pareja demuestra que la distancia no es obstáculo cuando hay comunicación y respeto.
“Antes de separarme era todo como vos decís, estaba muy metida en su mundo. Pero ahora traté de buscar un lugar para mí también”, explicó sobre su nueva perspectiva.
Enzo, el compañero
La propuesta de MasterChef llegó en un momento justo, y la charla con Enzo fue clave. “Nos sentamos a hablarlo. Él me dijo que, así como cuando él siente que tiene que cambiar de club, también es válido para mí. Si yo lo quería hacer, que fuera”, recordó con orgullo.
Nada de celos, nada de drama. Cuando le preguntaron por los rumores de conflictos o desconfianza, fue tajante:
“La que es celosa con un jugador de fútbol muere en el instante”.
Una frase que resume años de aprendizaje en el mundo del fútbol, donde la exposición puede ser tan intensa como la cancha misma.

Vida normal, sin filtros
Aunque la vida en Londres podría prestarse para la ostentación, Valu eligió el bajo perfil. Supermercado, plazas y rutinas simples con sus hijos Olivia y Benjamín. “Aparte yo con ellos tengo una vida normal. No es que nos encerramos. Estamos en el súper, en la plaza… donde sea”, contó.
Incluso, recordó una anécdota divertida:
“Fuimos los cuatro al supermercado. Le pidieron fotos, pero tranqui. Fue como una excursión al súper, estuvo genial”.
“Ahora estoy re inglesa”
Adaptada al ritmo londinense, confiesa que aprendió a valorar el orden y las rutinas de allá. “El clima te tira para abajo, pero me acostumbré. Ahora ceno temprano, los nenes duermen a las ocho. Desde que descubrí eso, la gloria”, admitió entre risas.
Valentina vive un presente más consciente, entre ollas y cámaras, pero con la cabeza bien puesta en su bienestar y en el de su familia.
“Sigue siendo mi familia, pero ahora también encontré un lugar para mí”, remató.
Y sí —a veces, el amor también se fortalece cuando cada uno aprende a brillar con luz propia.