Jamiroquai empezó su carrera a principios de los 90 y terminó convirtiéndose en una de esas bandas imposibles de encasillar. Desde Gran Bretaña y con Jay Kay al frente, fueron responsables de hits enormes como “Little L”, “Cosmic Girl” y “Virtual Insanity”, imponiendo un sonido que arrancó muy ligado al acid jazz y que con el tiempo fue mutando hacia el funk, el soul y un pop cada vez más refinado.

Pero Jamiroquai no llamó la atención solo por su música. Desde el comienzo, el carisma de Jay Kay fue clave: su manera de bailar, su presencia escénica y, sobre todo, esos sombreros extravagantes que se volvieron marca registrada. Y no es casualidad: ese detalle estético está directamente conectado con el origen del nombre de la banda.
¿Qué significa Jamiroquai?
El nombre Jamiroquai surge de una mezcla bastante clara pero cargada de sentido: por un lado, “jam”, en referencia a la improvisación musical que dio forma a las primeras composiciones del grupo; por el otro, “Iroquois”, una tribu nativa norteamericana con la que Jay Kay decía identificarse “mentalmente”.
Nada en Jamiroquai fue azaroso. Kay siempre dejó en claro que las raíces de su música están profundamente ligadas a las comunidades negras y a una tradición cultural que admiraba y respetaba. Eso lo explicó con bastante claridad al recibir el Premio MOBO en 1997, cuando dijo:
“Creo que este premio es importante para nosotros porque nunca hemos negado que la música que hacemos es de origen negro… la gente ha dicho que estamos tratando de plagiar algo que amamos y, ya sabes, estamos tratando de halagar esa cosa y hacerlo correctamente”.

En ese contexto, no faltaron las críticas que acusaban a la banda de apropiación cultural. Lejos de esquivar el tema, Jay Kay lo enfrentó de frente y, en la misma ceremonia, sumó una frase que quedó para la historia:
“Conocí a Stevie Wonder la otra noche y pareció aprobar lo que hacemos, así que si podemos acabar con todo eso de ‘el blanco haciendo música negra’ y simplemente seguir adelante y disfrutarlo, ¡sería mucho mejor!”.
Por eso, más que una apropiación, Jamiroquai siempre pareció funcionar como un homenaje constante a las culturas y sonidos que los formaron. De hecho, a lo largo de los años, Jay Kay usó distintos tocados y sombreros que remiten directamente a ese vínculo simbólico con la tribu iroquesa, llegando incluso a lucir piezas típicas de un cacique en más de una ocasión.
En lo musical, la influencia es clarísima: Stevie Wonder, Michael Jackson —tanto en la composición como en la performance— y Donna Summer, a quien incluso homenajearon con una versión inolvidable en vivo de “Bad Girls”, forman parte del ADN de la banda.
Así, el nombre Jamiroquai no es solo una palabra pegadiza: es una declaración de principios, una mezcla de identidad, respeto cultural y amor por la música que atraviesa toda la historia del grupo.