El revuelo alrededor de “Rosita” dejó un dato concreto sobre la mesa: Cazzu no responde desde el impulso, sino desde una carrera consolidada. La mención a Christian Nodal en el tema firmado por Tainy, Jhayco y Rauw Alejandro activó un debate que rápidamente superó lo musical y se trasladó al terreno mediático.

La respuesta de Cazzu fue clara y estratégica: no personalizó el conflicto ni entró en el ida y vuelta. Señaló una práctica recurrente de la industria —la camaradería entre varones y el doble estándar hacia las mujeres— y volvió a poner el eje en el sistema, no en los nombres propios.

Los hechos acompañan. En los últimos años lanzó discos que ampliaron su registro artístico, publicó un libro con mirada crítica sobre el reggaetón, anunció un show histórico en Jujuy y sumó un debut cinematográfico en una película premiada. En paralelo, cada movimiento vino acompañado de ruido externo que intentó correr el foco de su trabajo.

La diferencia es tangible: mientras algunos usan la polémica para sostener visibilidad, Cazzu sostiene una carrera a largo plazo. No negocia autonomía ni relato. Habla cuando lo considera necesario y, el resto del tiempo, deja que la obra marque la agenda. En una industria donde el escándalo es efímero, ese posicionamiento es poder real.
