Con más de veinte años de trayectoria, Matilda Blanco se consolidó como una de las referentes indiscutidas de la moda argentina. Su figura se volvió popular en la televisión desde Súper M en 2002 y, con el tiempo, se convirtió en la crítica temida de Este es el Show, la rigurosa jefa de taller en Corte y Confección y una presencia inolvidable en El hotel de los famosos. Hoy forma parte del panel estable de LAM y dirige su propia Escuela de Modelos. Su lema, que ya es un sello personal: “No hay edad, ni género ni exigencia física para subirte a mi pasarela” hacen que hoy miles elijan formarse con ella.
Sin embargo, detrás de la mirada crítica y la disciplina que muestra en la televisión, hay una mujer sensible, apasionada por el arte, defensora del planeta y de los animales, que atraviesa sus proyectos con compromiso y una profunda convicción personal. En esta entrevista íntima, Matilda abre la puerta a sus recuerdos, sus vulnerabilidades y sus sueños, para descubrir a la persona que existe más allá de la profesional.

¿Cómo surge la Matilda sensible y apasionada por el arte, los animales y el cuidado del planeta?
—Siempre estuve vinculada al arte por mis padres. Mi mamá nos llevaba a museos y a orquestas. Lo que para otros chicos no era tan interesante, a mi hermano y a mí nos gustaba mucho. Recuerdo que en la escuela, cuando los chicos contaban qué habían hecho el fin de semana, yo decía que había ido a escuchar a la Camerata Bariloche, una orquesta. A mi papá también lo acompañaba a escuchar jazz. En paralelo estaba la moda: mi abuelo era sastre. Me pasaba horas mirando cómo cortaba, medía y elegía telas. Aprendí mucho sobre cortes y trajes. Soy fanática de los blazers, la ropa masculina fue lo primero que ví. Los sacos, los pantalones, cómo colocar una hombrera o cómo se hacía una solapa.
¿Cuándo descubriste que la moda era tu camino y no la música o alguna otra área artística?
— Lo sabía. Más allá de que hice la escuela de danzas completa, me recibí de profesora, trabajé como coreógrafa y hasta viajé a Rusia a estudiar Ballet, eso no era lo que quería para mi vida. Sin embargo, la danza me dio disciplina y responsabilidad. Fue un camino difícil: padecí anorexia, los maestros eran muy exigentes con el físico, con estar delgada, liviana. Hoy entiendo que estar liviana no significa estar delgada. Eso me marcó, pero también me enseñó a valorar la salud y a entender que si no es con trabajo, las cosas no se consiguen.
En televisión se te ve muy exigente. ¿Cómo llevas adelante eso en tu vida fuera de las cámaras?
—Lo de la tele es un personaje. Estudié actuación con Lito Cruz y hasta hice un stage en el Actor’s Studio en Nueva York. La actuación me gusta.
El personaje está compuesto por uno de mis maestros de danza -al que nada le venía bien-, por una amiga que es directora de moda y por mi mamá, que es ultra exigente. Todo eso mezclado me dio fortaleza y me ayudó a armar un personaje crítico, pero divertido. Por supuesto, le sumamos mis conocimientos. Siempre trato de que la crítica sea fiel a la moda y sin hacer daño.
¿Cómo llevás las críticas que recibís?
—La moda es un mundo bastante frívolo, por eso este personaje dice las cosas de una manera divertida. Sería incapaz de meterme con el cuerpo, la edad, la salud o el trabajo de una persona. A mi lo que me corresponde es marcarle que hizo una mala elección. Cuando hay que pedir disculpas, las pido. También hay que entender que muchas veces es un chiste, o incluso hay famosos que me piden que los critique porque saben que genera repercusión.
Mi crítica es objetiva y profesional. La gente cuando ve que critico a algún personaje querido, me escriben y me dicen cosas muy feas. Se cree que todo el mundo puede hacer una crítica y debo decirle a la gente que lamentablemente no todo el mundo puede hacerla. No critico porque alguien me caiga mal, sino porque me avalan años de estudio y de ser profesional.
¿Cómo conectás la filosofía de tu evento “Subite a mi pasarela” con tu propia historia?
—Lo pensé como un espacio abierto para todas: chicas jóvenes, mujeres de 30 o 40 que quieren cumplir ese sueño pendiente, madres con hijas. Me propuse que no hubiera edad, género ni exigencia física. Todas pueden venir a entrenar. Esa inclusión fue lo que hizo que creciera tanto.
Me encanta compartir todos los secretos de las modelos, porque los sé y porque siento que todo el mundo tiene que poder vivir esa experiencia, aunque después te vayas a tu casa y sigas siendo la que sos. Es un espacio que se vive con mucho amor y respeto, sin críticas. Soy otra persona dando clases.
Es sumamente valioso que decidas tomar el rol de docente para transmitir tus conocimientos, ¿desde qué lugar lo haces?
—Enseñar te tiene que gustar mucho. Soy exigente, sí, pero no excluyo a nadie. Vienen chicas que quizá son actrices, músicas, abogadas, médicas, adolescentes y quieren sumergirse en el mundo de la moda, aprender a pararse, caminar y son bienvenidas. Mi rol es transmitir técnica y seguridad, no decidir quién sirve o no. Eso lo dirán después las castineras.
Sos muy rigurosa con la formación. ¿Qué importancia tiene para vos?
—Con mi equipo nos estamos nutriendo constantemente, siempre hay que seguir estudiando, esa es la única manera también de poder darle a la gente algo que no sea un invento. Los cursos que doy están basados en mi experiencia real como editora de moda y productora. Hoy en día hay gente que enseña sin haber tenido experiencia, y está bien, es algo de esta nueva era, pero yo prefiero que lo mío tenga sustento. Después la gente es la que elige.
El 2 de noviembre realizas tu masterclass “ASESÓRAME”. ¿Qué la hace diferente?
—Es la primera vez en Latinoamérica que se hace algo así. Está pensada para emprendedores de moda, maquilladores, peinadores, gente con showrooms o estudiantes que quieran sumar conocimientos en asesoría de imagen e introducirse a la producción de moda. Son siete horas intensas donde hablamos de tendencias y colorimetría, que es el tema principal de esta Master Class. Es un antes y un después, porque aprendés de los que realmente trabajan en la industria. Además vamos a sortear un viaje a New York, me siento privilegiada y bendecida de poder hacer un regalo así.

En una de tus redes sociales definiste tu estado con una palabra: “Feliz”. ¿Qué significa para vos?
—Bueno, la moda no es feliz. La moda cómo tal puede ser frustrante, pero yo tengo mi propio “elixir” para salir de esa frivolidad: mis perros y mis gatos. Soy rescatista de toda la vida, colaboro con fundaciones y organizaciones. Siempre estoy ayudando en campañas de castración, de concientización, o prestando mi imagen para causas. Me parece fundamental poder tomar conciencia de lo importante que es una vida para este planeta. Eso me hace feliz.